2 de agosto de 2009

Azoteas

En mi edificio hay una azotea donde es posible subir a tender la ropa. Como vivo en el último piso, subir a la azotea no me cuesta nada, un tramo de escalera y ya estoy. Nunca me encuentro con nadie y apenas veo ropa tendida cuando tiendo la mía por lo que siento secretamente como si la terraza fuera sólo mía, para mi uso y disfrute particular.

Mi azotea no está encajonada ni encerrada por otros edificios. Más bien al contrario, se orienta hacia el centro de Madrid y como vivo en una zona alta, en una colina, rodeada de valles, tengo unas vistas espectaculares del Palacio Real, la enorme cúpula de San Francisco el Grande, los chapiteles de la Plaza Mayor, el Viaducto con lucecitas de pequeños cochecitos como de juguete, de la esfera roja del edificio de Telefónica...y hasta el Pirulí se ve. Cada día descubro una torrecilla o una cupulilla diferente y no me canso de mirar. Porque aunque no debiera, me subo a sentarme en un poyo corrido a lo largo de la pared, justo encima de mi casa.

No vivo en una zona privilegiada de la ciudad.

Las casas son más bien feas, es un barrio de clase media-baja de sobrevenida población inmigrante, sin equipamientos, aunque céntrico. Pero eso no importa porque cuando subo a otear el horizonte desde mi sexto piso de empinadas escaleras, a mirar esas luces que titilan no muy lejos, no muy cerca, y me aislo mentalmente de todo lo demás, mi barrio adquiere el encanto de un destartalado Montmartre. Los edificios cercanos me sugieren los cuadros cubistas de Juan Gris. El bullicio se aplaca, todo es tranquilo, y me siento un poquito más cerca del cielo.

2 comentarios:

Madame Tafetán dijo...

Hay que aprovechar lo que se tiene en cada momento. ¿Que no es un barrio super bonito? No, pero puedes disfrutar de unas vistas que lo mismo en cualquier otro sitio no tendrías. Y ese es un placer tan pequeño pero tan gratificante que compensa muchísimo

M dijo...

Estoy de acuerdo. Y lo disfruto...